La Gardenia jasminoides, también conocida como G. augusta, G. florida, o G. grandiflora, es seguramente la especie más conocida, entre las más de sesenta que conforman este género Gardenia, provenientes todas de las regiones tropicales y subtropicales de Asia, África y Oceanía.
Según el Profesor Milan Dimitri, dicha denominación les fue aplicada en homenaje al médico norteamericano R. Garden; pero ajenos a tanta rigurosidad, todos optan por llamarlas lisa y llanamente Jazmines, por su aroma tan parecido al de las plantas que constituyen el género Jasminum, muy apreciado.
Perteneciente a la familia de las Rubiaceae, el Jazmín del Cabo, originario de la China, aunque su nombre lleva a confusión con otras Gardenias nativas de África del Sur, es un arbusto de crecimiento medio, muy popular en nuestro país. De forma ovoide, ramas leñosas y follaje denso, puede sobrepasar el metro y medio de altura en su estado adulto.
Las hojas, opuestas o en grupos de 2 o 3, son simples, elípticas y algo coriáceas, de bordes lisos o finamente dentados y de hasta 10 cm. o apenas más, de largo. Si bien ellas destacan por su color verde oscuro brillante, son sus flores, perfumadas y muy blancas, el más preciado atributo.
Los pimpollos despuntan ya instalada la primavera y entre los meses de noviembre a diciembre avisan, con sus efluvios, que se acercan las Fiestas. De pétalos níveos y aterciopelados, se abren en flores terminales que crecen en las nuevas ramas e inspiran el regalo galante.
EMBRIAGADOR Y DULZÓN. El aroma del Jazmín del Cabo es inconfundible y se reconoce de ojos cerrados. Con él despiertan recuerdos del pasado: de la niñez feliz, correteando por el parque a la caza de luciérnagas; de la reunión familiar, en torno a la mesa de Navidad; incluso de los primeros gestos amorosos, los mismos que hoy vemos vivir a nuestros hijos.
Una sola flor cortada es capaz de perfumar delicadamente la casa; su presencia en los floreros coincide con la prolongación de los días, que lleva a entreabrir las ventanas y disfrutar de la brisa, sensaciones siempre gratas porque se asocian a tiempos benignos.
En la paz del atardecer es cuando más se impregna el aire con ese toque dulzón que tanto embriaga."El oler los jazmines, en la noche y los jardines" escribió Manuel Machado en su "Pregón de flores" y alude justamente a esa intensidad que su fragancia adquiere entre las sombras y como dijera alguien querido, inflama el alma.
TANTO POR TAN POCO. El secreto para lograr buenas Gardenias es el de plantarlas en suelos frescos, bien drenados, ricos en humus, con cierta acidez -un pH entre 5 y 6 es el ideal- y alto contenido de hierro. Ello se logra agregando a la mezcla de cultivo, barrido de bosque de pinos o turba, amén de compost y abono orgánico. Si bien tal recaudo puede parecer exagerado, se verá la respuesta en la sanidad del follaje, así como en el buen estado general, frente al ataque de agentes dañinos.
El rango de temperatura óptima para estas plantas es de 15° C por la noche y de 30° C durante el día. Si bien su exposición al sol debe ser franca en pleno invierno, en verano requieren el alivio de la sombra, de allí que puedan instalárselas bajo el reparo de algún árbol, siempre y cuando sus raíces no compitan con ellas.
En cuanto a los riegos, conviene aclarar que en pleno crecimiento deben propinárseles en forma frecuente y abundante; no así en invierno, época de gran receso. Las Gardenias detestan que sus raíces permanezcan empapadas por mucho tiempo, por eso es que hay que ser cuidadosos con el drenaje.
Ya sea en otoño como en primavera, se puede proceder al plantado de nuevos ejemplares.
Una vez arraigados, es en setiembre, antes de la brotación, que conviene aplicar un plan regular y generoso de abonados, fundamentalmente rico en nitrógeno, potasio y hierro, para favorecer el crecimiento del ejemplar y su producción de flores, al tiempo que se evita el amarillamiento de las hojas.
La poda, liviana, debe aplicarse luego de la floración, para quitar las ramas estropeadas y los restos de flores secas. Si hay brotes excesivamente vigorosos, se pueden cortar por debajo de los demás y pinzar a estos últimos para que la planta se vuelva más compacta.
Son numerosos los insectos que las atacan. Tal vez las cochinillas, junto a los pulgones sean los que más las perjudican. Es común que al alimentarse excreten una suerte de sustancia melosa que favorece la formación de un hongo o "fumagina" que afea el aspecto del follaje. Los ataques de mosca blanca también son frecuentes y se controlan con insecticidas.
A modo de cierre, justo es afirmar que los Jazmines del Cabo se cuidan solos; más aún si se tienen en cuenta algunos de los consejos.
sábado 11 de abril de 2009
Jazmín del Cabo
Publicado por Jardinera en 00:31
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada